*Martha Patricia Pérez, madre cabeza de hogar de la invasión de Alto de Bahía Concha al oriente de Santa Marta, encontró en esta ayuda económica un respiro para seguir luchando y sacar adelante a sus hijos.
Redacción
Martha Patricia Pérez Borges tiene 34 años, es madre cabeza de hogar y vive en una humilde vivienda en la invasión de Alto de Bahía Concha al oriente de Santa Marta. Su día comienza temprano, haciendo los bollitos de maíz que vende en el barrio para ganarse la vida. No tiene empleo fijo, pero desde hace un año cuenta con un respaldo que, según ella, “es una bendición”: Renta Ciudadana de Prosperidad Social.
“Cuando llega el pago es como si respirara tranquila. Les compro a los niños las libretas, los bolsos, lo que necesitan para el colegio y hago un mercado para la casa”, cuenta Martha Patricia con una sonrisa en el rostro.
Con una vida digna, el Gobierno del presidente Gustavo Petro le cumplió a Martha Patricia y más madres cabeza de hogar en situación de vulnerabilidad en Magdalena. 38.646 hogares reciben el tercer ciclo de pagos de los programas Renta Ciudadana y Devolución del IVA de Prosperidad Social en el departamento. La inversión es cercana a los 16.500 millones de pesos, recursos que llegarán hasta el 21 de agosto y que priorizan hogares con niñas y niños en primera infancia, personas con discapacidad y adolescentes.
En el caso de Martha, el subsidio le ha permitido sortear los días más duros. Antes de recibirlo, reconoce que había semanas en las que debía decidir entre pagar un recibo o comprar comida. Hoy, aunque el trabajo no sobra, la ayuda le da un respiro para sostener el hogar y garantizar que sus hijos tengan lo básico.
Ella sabe que muchas mujeres en su misma situación no han podido acceder al beneficio y pide que el programa llegue a más familias. “Somos muchas las que vivimos del día a día y sin ingresos fijos. Este subsidio es un apoyo muy grande para salir adelante”, asegura.
Renta Ciudadana, en su componente Valoración del Cuidado, busca precisamente eso: reconocer el trabajo no remunerado de las madres cuidadoras y aliviar la carga económica de los hogares más vulnerables. Y en casas como la de Martha Patricia, ese alivio se traduce en comida en la mesa, cubrir las necesidades escolares de sus pequeños hijos y, sobre todo, esperanza.



